Camino grito adentro
Nunca imaginé estar en tal broncón, manejaba rumbo a la cima del cerro por el único camino tanto de subida como de bajada, y de pronto me supe atrapado en mi automóvil.
Nunca imaginé estar en tal broncón, manejaba rumbo a la cima del cerro por el único camino tanto de subida como de bajada, y de pronto me supe atrapado en mi automóvil.
Raúl se quedó serio y, al igual que todos y todas cuando supieron lo acontecido, empezó a temblar sin que se notara. Se asomó a la puerta de su casa para verificar si había sido cierto.
Supe que algo había pasado cuando vi su semblante esa mañana. Parecía atribulado, como obrero cansado con carga pesada. Se me afiguró que venía de un largo recorrido de lloriqueos, eso indicaban sus ojos rojos e hinchados.
Este morrito tiene todo para ser un artista apasionado o un aguerrido sicario. La idea me vino a la mente para describirlo durante aquellas tardes que él se seguía acercando. Por primera yo llegaba contento a dar clases para niñas y niños en aquella especie de centro comunitario, donde el exceso de calor, lo semiabandonado … Leer más
Las clases de pintura eran en la parte alta de la colonia del Cerro de la Cruz, enclavada en el cerro del mismo nombre.
El caricaturista y pintor lagunero, Eduardo “Guayo” Valenzuela nos comparte la serie “Memorias de la infancia lagunera” a partir de hoy. Aquí el primer texto.