Conocí primero el blog de Jaime que a Jaime. Entre el 2008 y el 2011 yo era un bloggero compulsivo, llegué a publicar hasta veinte entradas a la semana, la mayoría de ellas insustanciales como para formar un archivo. Por aquel entonces leí, escribí y discutí muchas horas en foros y blogs. Aquel internet aún tenía algo de plaza pública, uno se podía perder siguiendo enlaces, descubriendo autores, leyendo discusiones (y participando en ellas) y encontrando textos que no aparecían en ningún periódico ni revista. Estoy del todo seguro de cómo llegué a Ruta Norte Laguna (RNL), y recuerdo la primera entrada que leí.
Era un texto sobre la justicia en México, sobre los enredos en el caso de Salvador Cabañas, quien sufrió un atentado en el Bar Bar que lo retiró para siempre del futbol profesional. Un escándalo mediático que ocupó la opinión pública por más de una semana, algo impensable en la actualidad, puesto que cada día es un quebranto y somos presas de la inmediatez y el olvido, es un milagro si la conversación es ocupada por más de tres días por cualquier tema.
Los medios le exprimieron hasta la última gota a la tragedia y volvieron más insufrible cualquier noticiero. No recuerdo exactamente en qué foro escribí que, si el jugador hubiera muerto, la investigación no sería un carnaval de disparates, una telenovela, y lo más seguro es que todo concluiría rápido, en un carpetazo que nos dejaría listos para surfear la siguiente tragedia mediática nacional y recordar con algo de lástima la carrera trunca de Cabañas. Por supuesto, ese comentario me generó varios insultos, alguno que otro usuario suscribió a mi incomodidad, y alguien en ese foro dejó como recomendación el enlace a RNL. En ese texto Jaime exhibía algunas de las inconsistencias del caso y señalaba el mal trabajo de los comunicadores, algo que reflejaba mi hartazgo sobre Cabañas.
Yo sabía quién era Jaime, sabía que era un escritor de la ciudad, pero nunca había leído un libro de él, así que puedo decir que llegué a su literatura por RNL. Leí buena parte de las entradas del 2010 para atrás, y descubrí que Jaime abordaba la violencia, la corrupción o la injusticia con la misma naturalidad con la que escribía sobre literatura y eventos culturales. No pretendía esconder sus posiciones. Había una toma de partido evidente, a la que yo me adhiero: desconfiar del poder y señalar sus abusos (incluso hacer escarnio e ironizar en muchos momentos).
Debo confesar que me pareció extraño que un escritor asumiera una postura política tan clara, yo era muy ingenuo y relacionaba al escritor a dos figuras, a) el borracho maldito e irresponsable que intenta vivir al margen de todo; b) a una persona neutral, más inclinada al oficialismo y la extrema prudencia; pero leer a Jaime en RNL me hizo considerar que el trabajo del escritor también consiste en señalar lo que está mal en el mundo.
Ruta Norte Laguna es una muestra de que el escritor puede intervenir en la conversación pública, que entiende la escritura como una forma de participar en su tiempo y que considera un deber señalar aquello que no funciona, exhibir las contradicciones del presente y recordar que la realidad puede ser profundamente absurda.
En ese sentido RNL ha cumplido un rol que, desafortunadamente, ha pasado un tanto desapercibido para muchos en La Laguna: la construcción de la memoria.
Yo me alejé paulatinamente del blogging, lo reemplacé con el ejercicio del diarismo, pero con el tiempo he reflexionado sobre el verdadero valor de un blog: es algo que va mucho más allá de cada entrada individual. El blog de RNL terminó convirtiéndose en un registro de la vida intelectual, cultural y política de La Laguna y el país. En sus entradas puede reconstruirse la aparición de libros, la trayectoria de escritores, las discusiones públicas, los cambios de la ciudad y hasta el ánimo de una época. Lo que en su momento parecía una anotación inmediata hoy funciona como documento.
En lo personal, tengo muy presentes los años de violencia en La Laguna, he escrito crónicas, algunos ensayos y cuentos sobre la mal llamada “guerra contra el narco”, iniciada por el infame Calderón, y en la que murieron mis amigos Sergio, Frank y Lalo (y en la que se fragmentaron miles de familias debido a las desapariciones y los “daños colaterales”), y no puedo dejar de percibir en las entradas de aquellos años de RNL la atmósfera sangrienta. Recuerdo puntualmente una entrada llamada “Madrugada internacional”, en la que Jaime rescata los inicios de las publicaciones, en diferentes idiomas, que medios internacionales hicieron sobre la masacre de La Quinta Italia Inn, ocurrida en Torreón, que, lamentablemente, nos volvió noticia mundial.
Los blogs tuvieron precisamente la virtud de registrar el presente sin saber que algún día serían pasado. Mientras las redes sociales privilegian el instante, un blog conserva la posibilidad de volver atrás, recorrer los años y entender cómo pensábamos, qué nos indignaba y qué conversaciones sosteníamos. Hay una diferencia enorme entre el flujo inagotable de una cronología y el archivo de una bitácora.
Años después, en el 2012, en una presentación de un libro de Nervinson Machado, en el restaurante El sureño, conocí en persona a Jaime Muñoz. Trabajé haciendo la corrección ortotipográfica de algunas publicaciones de la entonces Dirección Municipal de Cultura de Torreón, espacio del que fue director Jaime. Yo no era empleado del municipio ni tenía nada que ver con la administración, más bien colaboré en esos proyectos como externo por una módica paga, y cuando me presentaron con Jaime, él me dio las gracias por colaborar con las correcciones, yo le comenté que leía su blog y él me lo agradeció amablemente, con cierto interés, y conversamos muy poco. Al día siguiente compré su libro de cuentos Las manos del tahúr, y desde ese momento me convertí en promotor de su blog y de sus libros.
Este 2026 RNL cumple veinte años. Una demostración envidiable del músculo del oficio de la escritura, pues el blog sigue nutriéndose de manera puntual. El blog rebasa el millón y medio de visitas, según su contador, aunque ignoro desde cuándo está visible ese conteo. Un número nada despreciable, pero que, considero, debería ser mayor.
Estoy convencido de que la memoria se construye mediante el registro constante de lo inmediato. No aparece sola. Alguien tiene que escribir lo que ocurre antes de que desaparezca. Alguien tiene que dejar evidencia de una conversación, de una lectura, de una injusticia, de una presentación de un libro… Visto así, RNL es mucho más que un blog. Es un archivo vivo que sigue creciendo, es una memoria en marcha. Y quizá esa sea una de las tareas más importantes que puede asumir un escritor: impedir que el presente se vuelva olvido demasiado pronto.