Tierra prometida: cantar de migrantes. El libro que arroja luz sobre la crueldad de ser un nadie

Entre los caminos de dios y los del ser humano, la poesía se vuelve catarsis sobre el sufrimiento, y la escritura, una terapia para la autora

Un concurso regional de literatura que en su primera edición convocó el ayuntamiento de Monclova, la colocó en 2025 como ganadora del certamen al escribir sobre los caminos de los migrantes dentro de la categoría de poesía.

A la publicación de la obra el Museo Biblioteca Pape otorgó la impresión. La generosidad de la institución alcanzó para una edición de sólo 100 ejemplares, lo que hace de “Tierra prometida: cantar de los migrantes”, de Rosa Guadalupe Sillas Lerma, un título que en físico, cuando menos, es para coleccionistas.

Sin embargo, la autora ha deseado que el libro continúe su camino, siga movilizando y visibilizando el fenómeno para que exista no sólo desde el dato estadístico. Sillas Lerma es maestra normalista. Estudió luego en la Universidad Pedagógica Nacional y migró hacia el viejo continente donde se especializó en TDA-H en la Facultad de Psicología y Logopedia en la Universidad Autónoma de Barcelona.

La especialidad en Literacidad Crítica la realizó en la Escuela del Profesorado y Enseñanza del Español como lengua extranjera en la Universidad Complutense de Madrid. Al regresar a México, cursó un máster en Ciencias de la Educación en la Facultad de Ciencias, Educación y Humanidades de la Universidad Autónoma de Coahuila.

Más allá de un currículum brillante es mediadora y promotora de lectura, coordina talleres para grupos vulnerables, migrantes y adultos mayores, y fue cuentacuentos en el Festival La Maroma.

Es por ello que ha empeñado su palabra para visibilizar a los desamparados, a los que conoció desde la infancia a través de padre y madre, maestros y humanistas, y un amigo sacerdote que realizó un apostolado sobre los migrantes, el padre Pedro Pantoja, quien le hizo reconocer sus dones. A Sillas Lerma se le entrevista tras la presentación de su libro en la Universidad Iberoamericana en el campus Torreón.

-Dejas una impresión extraña. El discurso corporal, la voz, habla de una persona tierna, dulce, mesurada. ¿Cómo transformar la idea de un fenómeno lleno de dolor y angustia en una poesía hermosa? Dijiste que se trata de una escritura bonita, cosa que asusta, pero en realidad cumple la función de poesía de denuncia.

-En la construcción poética podría ser. Por una parte son las experiencias que me han contado los migrantes a lo largo de todos estos años; desde mi experiencia como maestra en zona fronteriza, pero por otra parte lo que me tocó vivir, estar en redadas donde los estaban persiguiendo. Me tocó ver personas que se caían del tren, ver a una mujer mutilada, violentada, otras violadas.

Esa es la parte profunda y hay que empatizar y poder ser capaz de sentir lo que siente esa persona, o de ponerte en su lugar para decir: Híjole, qué sería para mí como madre el atravesar el país y el llevar conmigo a mis hijos. Abandonar mi casa, mi hogar. Esos son los poemas que podrían ser los más sensibles o profundos, pero la otra parte, la que es de demanda y crítica social, creo que es por el hecho de sentir, de pensar que todos tenemos la misma igualdad.

Denuncia la inhumanidad

Tierra prometida se convierte en una alegoría religiosa y de esa forma el texto se divide en tres cantares o partes. La primera se concentra en los caminantes; la segunda en sus clamores, y la tercera y última, en sus silencios. Profundamente creyente, la autora presenta la pieza con el poema Mujer migrante, donde apunta:

II
Dios ensanchó mis caderas para abrir el universo,
mar embravecido, cántaro vacío para llenarse.
¿Por qué ahora me has dejado en medio de la nada?
¿Por qué sigo de ti, desterrada?

Entidad divina. Imagino a un dios vigilando y para ello, la mejor distancia es la mayor. Un ser omnipotente, omnipresente y omnisciente que observa los hechos del hombre como si fuera una miniserie de Netflix sobre perros que devoran a sus hermanos en función de la oferta, la demanda y la ganancia. Pero la autora construye un imaginario donde las piernas de los descalzos avanzan a pesar del calvario convertido en asalto, violaciones y escarnio social.

Mareas de mujeres y hombres con sus crías, empobrecidas, avanzan sobre La Bestia y se abren caminos de sur a norte por México hasta llegar a Coahuila. Los hemos visto llegar como hebreos, con sed, hasta el desierto. Pero el destierro entraña sus peligros y la geografía desafía. Los he visto bajar del tren pensando en Piedras Negras y al saber que están en Torreón, abrir la represa de su llanto, contenido.

-Por un lado, ves que la política dice que todos somos sujetos de derecho, pero -al mismo tiempo- cómo es que se vulnera ese derecho. Y la parte del respeto a la dignidad humana es algo que a mí me mueve mucho, por eso es que hay poemas que van directo a ello. Otra parte es hablar con dios. El reconocimiento de Dios a lo largo de los flujos migratorios está ahí presente, pero a veces es como un reclamo también.

Rosa Guadalupe Sillas Lerma escribe:

Bienaventurados sean los mendigos que recorren las calles,
las vías y las carreteras,
que han vivido de los desperdicios del sistema,
de las ciudades y sus fronteras.

Bienaventurados sean los perdidos y jamás encontrados,
a los que nunca buscaron y murieron a la mitad del camino,
sin nada para beber o abrigarse.

Bienaventurados los que jamás llegaron,
porque serán encontrados por la justicia divina
y vivirán eternamente, en la tierra prometida.

La voz de la poeta es profundamente religiosa. Pero le digo que me parece, por su transparencia, la voz de una niña que se pregunta al ver la panorámica: ¿En dónde está dios?

-La parte que me impactó y que transformó mi visión es precisamente el estar presente en el sufrimiento. Estar ahí no es cualquier cosa. El ver las noticias de que murieron tantos migrantes en un trailer… Damos por hecho que es una noticia más, pero pensar en ellos y cuántas horas se convirtieron en dolor, es ponerse en su piel. Lo que quizá me dio más valentía o coraje, el mantener esa postura, fue el asesinato de una ex alumna, era una niña y mi imagen era verla alejarse de la escuela. ¿Dónde está la protección y dónde está dios? Y, ¿dónde estábamos como sociedad?

-¿Cuál es la relevancia que cobra la escritura de la poesía en tiempos contemporáneos? ¿Sirve como catarsis?

-La terapia es la escritura. Ha sido el medio que he tenido para sacar mis emociones, a veces incluso irte a la depresión en momentos vulnerables. Es bien difícil porque quieres hacer algo con y por los migrantes y ves que hay barreras institucionales: judiciales, de política pública y eso te hace sentir en impotencia, por eso es que aprovecho la escritura.

El primer poema que yo hice, fue precisamente el de donde yo veo a esos migrantes que se caen del tren y a otros no les alcanzaba para darles comida y de ahí surgió. Ahora, detrás de la cuestión creativa hay una formación, siempre estuve en talleres de escritura pero el tema siempre me ha movido.

Rosa Guadalupe conoció el dolor a temprana edad pero alejada de la compasión mal entendida. Es por ello que ahora escribe sobre las personas con esquizofrenia. Porque dijo, allí aprendió a reconocer la belleza.

-Mi mamá nos mandaba a cuidar a una tía con esquizofrenia y nosotros no teníamos conciencia de ello; la pintábamos, le poníamos collares y también la poníamos a bailar, sacábamos el vestido de novia. Eso me hizo sensible con los años. Pero a las personas que no tienen casa o andan en la calle, yo los baño y los cambio y jamás me ha dado asco. Mi mamá nos mandaba a hacer justo eso.

Mis papás eran muy amigos del padre Pedro Pantoja, son muy católicos, y mi hermano estuvo muchos años en el seminario. El padre siempre decía que yo tenía muchos dones. Cuando me veía, le decía a mi mamá que tenía muchos dones y entonces yo le mandaba poemas a él, los compartía, o me invitaba el Día de la mujer a leer. Él me dijo: Un día dios te va a llamar a algo porque te veo que hay algo.

Ella escribió entonces su primer libro de poemas mientras que Pantoja murió el 18 de diciembre de 2020 a los 76 años de edad, justo el día que se conmemora internacionalmente al migrante.

-Qué coincidencia, él muere el Día del migrante. Me tocó estar con él cuando llegó una muchachita mutilada, cayó del tren y no se separó de ella hasta que la curaron. Iba a ayudar a las niñas violadas. Hay un poema para él, “Pedro, defensor de los migrantes”. Desde que nació tenía esa misión. Él murió el día del migrante y fue impactante esa coincidencia.

En el tema de la migración cada continente enfrenta sus retos y cada individuo se sabe migrante. La poeta lo fue en la búsqueda de nuevas experiencias y conocimientos. Aún así dice que hay una parte de la creación que no se explica porque, estando en La Casa del Migrante, el poema salía sin buscarlo. Es decir, la poesía la encontró a ella en el refugio.

Sillas Lerma escribe que todos somos migrantes, del dolor del exilio y de la tierra prometida. Pero también afirma que, detrás de la violencia en contra de quien migra y emigra, hay una violencia estructural, global. Nacida en la capital del acero, en Monclovita La Bella, también conoce una tradición de lucha entre mineros y obreros que ha sido sofocada con violencia. Se trata de una lucha que los propios sindicatos y gobiernos no permiten que florezca.

Con una cultura extractivista, de abuso sobre lo que resguarda la madre tierra, a las regiones Centro y Carbonífera del estado han llegado familias desde Puebla y Oaxaca que anhelaban una oportunidad. Pero ante la crisis laboral que enfrentan los lugareños tras la quiebra de AHMSA, apuntó, se percibe el rechazo y la discriminación pues la sombra del desempleo apura al orgullo de ser de un sitio y el prejuicio ante los otros que también han huido del hambre al cruzar líneas en el tiempo y geografías con esperanzas.