¿Qué recordamos de las violencias en Coahuila desde el Caso Allende?

En los 15 años transcurridos de lo que conocemos como la Masacre de Allende me aventuré a cuestionar a algunas personas residentes en Saltillo, Coahuila, sobre su conocimiento de este —según varios autores— caso paradigmático de Coahuila: ¿Qué conocemos sobre este caso? ¿Qué recuerdos verbalizan las entrevistadas cuando se habla de ello? ¿Qué conmemoramos después de 15 años? 

Yo entiendo la memoria como el acto de recordar junto con otras personas y por medio de artefactos. La memoria como una representación del pasado formada en el presente por las relaciones que tenemos con otras personas, cambiante a lo largo del tiempo, como lo dice la socióloga Veridiana Cordeiro, la apuesta es entender a la memoria desde “una ontología social relacional-procesual [que] permita comprender de manera más amplia qué es la memoria y cómo funciona”. 

Las fotos de las casas en ruinas de Allende, Coahuila, los discursos políticos del gobierno y de los colectivos, las anécdotas, los reportajes de investigación, los testimonios, la arquitectura, todo lo que propicie que nos relacionemos, posibilita que recordemos un tiempo dado: en este caso la violencia del mercado de armas y drogas en Coahuila.

Mi búsqueda por esas voces “no especializadas” son centrales en este texto porque creo que es igual de importante la comunicación al margen sobre hechos atroces ante las versiones oficiales, los estudios académicos, y de los mismos reportajes periodísticos. 

Para dar con estas representaciones del pasado entrevisté a cuatro personas residentes en Saltillo que podían o no saber del Caso Allende y que podría considerar de dos distintas generaciones: millennials y centennials. Las cuatro entrevistadas aceptaron el uso de sus testimonios para este texto bajo el uso de seudónimos, además de qué fueron las únicas que aceptaron ser parte de este ejercicio.

En ningún momento este texto busca generalizar la percepción del Caso Allende. Es una aproximación sobre las perspectivas que existen sobre este caso. 

A partir de la pregunta sobre si conocen la Masacre de Allende, así como ver las icónicas imágenes de las casas en ruinas que todavía se encuentran en Allende, con estas referencias fotográficas de lugares, fechas y dichos, les pregunté sobre su opinión al respecto de estas violencias acontecidas en Coahuila.

El objetivo de este trabajo fue registrar y escuchar lo que se recuerda de un caso paradigmático sin filtros y desde la ciudadanía para atisbar lo que se conoce de estas violencias que azotaron a las cinco regiones de Coahuila. 

Mar, “este pinche trauma colectivo”

Una de las entrevistadas fue Mar, una psicóloga de 27 años originaria de Saltillo. Ella respondió lo siguiente ante la pregunta de si conocía o no la llamada Masacre de Allende: 

“Pues fue una matanza, un trauma colectivo para muchas personas”, declaró Mar. 

Ella recordó que “iba en la secundaria cuando estaba todo este tema de los zetas. Vivías con miedo de que algo pudiera pasar, yo me acuerdo que en esa temporada mataron a mi primo paterno. Pero él no tenía absolutamente nada que ver, ¿sabes? Entonces siento que en Allende murió  gente inocente, que por tener un vínculo con terceros (…)si te confundían valía verga, te mataban. 

Ante la pregunta sobre sus sentires, Mar respondió que “es muy triste (…) A mí me da rabia. Porque siento que le dieron vida algo que, al momento de difundir todos estos temas, de exponer a la gente en la calle, al exponerlas con sus letreros, con sus mensajes de venganza, hicieron crecer este pinche trauma colectivo cabrón en todas las personas. Que a lo mejor ya no lo ven así las nuevas generaciones, a lo mejor porque no lo vivieron. Ahorita están viviendo otras cosas horribles en el mundo, pero creo que fue una época muy, muy complicada. Vivir con mucho miedo de no poder salir a hacer una pijamada con tu amigo porque no sabías qué podía pasar, los toques de queda, las malas noticias todo el tiempo”.

Este cambio generacional que observa Mar es crucial para ubicar en el tiempo que el acto de recordar cambia por las relaciones que tenemos en el presente. Esto se observará en los testimonios de Alexandra y Vida, estudiantes de 23 y 20 años respectivamente. 

Sin embargo, Mar detecta la noción de “trauma colectivo” y lo enuncia desde su expertise como psicóloga, asociándolo con fuertes emociones de miedo, venganza y tristeza. 

Alexandra, “realmente no tengo un recuerdo vivo”

Por un lado, Alexandra, estudiante de pedagogía de 23 años, originaria de San Pedro, Coahuila y residente de Saltillo, contestó que “no, no la conocía” y que era la primera vez que escuchaba de la Masacre de Allende. Aquí se tambalea la generalidad del trauma colectivo.

“¿Cuándo pasó? —pregunta Alexandra— ¿En 2011? (…) Tenía unos 9 años. (…) Ya vivía acá, desde que tengo como 5 años vivo acá [en Saltillo]. Pero no, realmente no tengo un recuerdo vivo. Ni de esas violencias ni de esos tiempos que estaban como de muchas balaceras y así”.

Procedo a enseñarle las fotos de las casas destruidas cuando buscas en Google Masacre de Allende. Esta interacción permite a Alexandra que me hable de esas representaciones del pasado:  

“Recuerdo que amigas me contaron después (…) Recuerdo cuando lo llegamos a hablar en la prepa o memes que veías de cómo registrabas a tus papás y demás en el teléfono. Pero en ese entonces no tenía celular o algo así, entonces yo no tenía en mi mente un chip de que debo registrar a mis papás con su nombre real (…) Pero pues personas más grandes o así sí me contaban [o] amigas de que no los registraban como papá y mamá sino con su nombre como tal por si llegaba a pasar algo: un secuestro o cosas así [o] no hubiera una extorsión”. 

La relación entre Alexandra y yo y los artefactos disponibles (como el celular y las fotos) permitieron que ella recordara que “[…] me llegaron a decir que había cuerpos colgados, cosas así y pues realmente no tengo esa idea tan clara, si acaso escuchaba de cosas así, pero en Torreón (Coahuila). Tengo más en vivo que me lo contaban, (…) me decían que estaba muy feo, que no debíamos ir, porque pues yo vivo acá. Entonces era de que no vayas, a cada rato hay balaceras, a cada rato hay muertos”. 

De no conocer el caso paradigmático la conversación nos traslada a su poca proximidad con hechos violentos en Saltillo. Lo que sucede es que el foco no se centra en el Caso Allende por la misma falta de información verídica que ha sido inaccesible si no fuera por las investigaciones periodísticas que surgieron meses después. Sin embargo, la realidad social no es alcanzada en su totalidad ni por los medios de comunicación. 

Luna, “la verdad nunca he vivido nada así”

Luna es estudiante de criminología con 20 años de edad, ella respondió ante si conocía o no estos hechos violentos que “lo recordaba muy vagamente, la verdad (…) fue hasta hace como tres meses aproximadamente que hicieron la mención en una de las clases de la universidad (…) Lo mencionaron muy por encima y ahí como que el comentario me refrescó un poco la memoria y ya estuvimos viendola noticia de ese entonces y ya fue todo”. 

Me comentó que cuando vieron este caso en el aula de clases también vieron las fotos de las casas en ruinas que permanecen en Allende. Cuando cuestioné a Luna sobre su opinión acerca de esta representación del pasado, me respondió que:

“Coahuila siempre se ha considerado un lugar muy seguro; Saltillo también es más seguro. Hay algunas cosas que lo contradicen, obviamente. Pero sí estuvo fuerte, sí fue algo muy sonado. La verdad nunca he vivido nada así, o sea, ni cerca, ni cuando estuvola temporada, por así decirlo, de las balaceras, jamás me tocó. Pero obviamente siento esa empatía, de que pues no está chido”.

“Todo lo de Allende sí fue y será algo muy fuerte, obviamente algunas personas les puede causar una sensación muchísimo más fuerte que a mí, o sea, yo nada más puedo decir de que estuvo feo (…) Muchas de esas cosas no las recuerdo o ya cuando me hacen el comentario como que me liberan ese recuerdo [de] haberlo visto en las noticias o recuerdo que en ese entonces pues sí estuvo muy sonado pero así como que tú digas, Ah, sí, me acuerdo de esto bien clarito, no”.

La proximidad geográfica, el paso del tiempo, el silencio institucional, la falta de conocimiento público, la relevancia social, son elementos que influyen en las relaciones que construyen estas representaciones del pasado. 

Nahila, “una coincidencia muy loca”

El testimonio de Nahila, diseñadora de modas de 28 años de edad, originaria de Saltillo, señala que conoció el caso de la Masacre de Allende a partir de una nota que escribí para este portal, pero señaló, “antes de eso la verdad es que no estaba al tanto de lo que había pasado. No recuerdo cuándo pasó”. 

Cuando le pregunto sobre qué opinión tiene sobre estas violencias en Coahuila “en específico [lo] de Allende, pues que le tocó (…) a la población con toda la violencia en general que estaba viviendo el país, o sea, nada más fue como que un foco donde se notó más presente, digo, por el calibre del daño que hubo (…) estuvo muy muy duro”. 

Los recuerdos se relacionan con otros recuerdos y permiten la posibilidad de construcción de espacios mnemotécnicos —donde los recuerdos se verbalizan— haciendo que Nahila me platique una experiencia límite colectiva de estas violencias en Coahuila: 

“A unas cuantas cuadras de aquí balearon una casa porque era una casa de seguridad, entonces como tipo historias de ese estilo, que había casas de seguridad cada tanto, cada tantas cuadras, y pues uno no sabía, o por ejemplo aquí en mi cuadra, en la esquina vendían droga y hubo una balacera enfrente alguna noche del 2012, o sea, como que sí se sentía muy presente y todo el mundo estaba empapado de de las noticias”..

“De hecho, va una anécdota (…) Estábamos una noche jugando al basta en mi casa y era cerca de las fechas de diciembre, porque estábamos todos reunidos en la casa. Jugábamos y justo alguien dice la letra, ‘basta con Z’ y en eso  ‘pa pa pa’ los balazos y todo mundo ‘¡no, al suelo!’ y nos aventamos al suelo. Yo tenía como unos, no sé, entre 14 y 16 años, porque pues fue en esas fechas. Y todos nos fuimos a resguardar (…) una coincidencia muy loca”.

¿Qué conmemoramos después de 15 años?

Mi interés por escuchar estos testimonios no dista del hecho de crear nuevas conexiones para la construcción de nuevos páramos de acción política, enmarcado en los “trabajos de la memoria” que son referentes para entender y contrarrestar la crueldad humana en tiempos llenos de belicismo y polarización. 

La escucha de las violencias ejercidas por “la guerra contra el narco” que siguen siendo parte activa de la vida pública de México, constituye espacios construidos para comprender que podemos actuar de otra manera ante la compulsión de repetir las mismas estrategias que traen consigo los estragos mortales de los mercados de drogas y armas. 

Los testimonios de las entrevistadas no buscan generalizar una característica común a nivel sociedad de la violencia ejercida por los zetas (u otros cárteles) en Coahuila, sino que son avistamientos de lo que se habla cuando se trata de la Masacre de Allende; resaltan los límites de la versión oficial de seguridad total en un estado en el que su población aún no procesa todo lo que ha vivido.

El desconocimiento de Allende permite hablar de las otras violencias que existen en el pasado y en el presente de Coahuila, de México y el mundo. Al descubrir en las entrevistas que no existe un recuerdo concreto del Caso Allende, el no-recuerdo deviene en una referencia para conversar los recuerdos propios de esas situaciones límite. Pero si la insistencia por una escucha atentamente activa no es constante promoverá el olvido acelerado.  

El silenciamiento de la violencia en Coahuila sigue siendo la estrategia perfecta para mantener incuestionable el discurso político sobre la seguridad inquebrantable y total en el territorio coahuilense, al grado de que se puede aseverar que una parte de la población no tiene en sus recuerdos lo que ha sucedido en Coahuila en cuanto a violencias recientes causadas por el crimen organizado (que incluye a empresarios, funcionarios públicos como se ha mostrado en otros casos a nivel nacional). 

El espacio para la empatía no puede ser posible sin el conocimiento previo de lo que sucedió en Coahuila con respecto a la criminalidad organizada. 

El 18 de marzo se realizó una conmemoración en el obelisco de las víctimas por “graves violaciones a los Derechos Humanos” en Allende, y a 15 años del suceso, queda preguntarse si estas prácticas ayudan a no olvidar o simplemente promueven una indiferencia institucionalizada.