El 10 de mayo es uno de los días más especiales para los mexicanos, pero hay miles de mujeres que dejaron de festejar y usan las redes sociales y otros espacios para construir memoria sobre la desaparición de sus hijos e hijas.
Más que un instrumento en el que se revive el dolor, las plataformas digitales se han convertido en esa voz y archivos silenciosos que registran el paso del tiempo desde la desaparición de un hijo o hija, pero también el medio con el cual se recuerda la situación vivida y su rol de madres.
Rafael Nolasco Ramírez, director del Centro de Estudios Críticos Latinoamericanos del ITESO, señala que “las madres buscadoras transforman su situación particular en una acción colectiva y convierten el dolor privado en una lucha pública construyendo memoria activa que desafía el silencio y la impunidad”.


El docente e investigador escribió el artículo “Madres buscadoras ante la desaparición forzada: praxis de resistencia y reconfiguración de la comunidad” en el que se enfatiza que las mujeres “se rehúsan a acepar la desaparición de sus seres queridos como algo ‘inevitable’ y desafían directamente el poder que decide sobre la vida y la muerte”. También afirma que le dan otro sentido a la necropolítica a fin de mantener su resistencia y enfrentar los hechos y bloqueos o inacción de las autoridades.
La creación de redes de apoyo y demás actos, como la búsqueda y las movilizaciones públicas convierten su exigencia de justicia en un verdadero acto de resistencia.
“Al visibilizar a las víctimas, las madres buscadoras no únicamente rescatan su memoria, además afirman su derecho a existir, a ser recordadas y, en última instancia, a ser reconocidas como sujetos de derechos. Así, el duelo y la memoria dejan de ser experiencias privadas y se convierten en actos de resistencia que cuestionan directamente la estructura necropolítica”, afirma.

El autor señala que las madres han aprendido a crear un espacio simbólico “en el que las ausencias se transforman en presencias” y nuevas formas de comunidad emergen de entre las ruinas, además de que le dan un nuevo significado al duelo y al dolor por el de la esperanza y crean nuevas propuesta de la memoria colectiva “al insistir en recordar y reconocer a los desaparecidos como vidas que importan” y lo cual requiere de imaginación.
Por ello a través del bordado, el colocarse las imágenes de sus seres queridos en el pecho, difundir las fotografías de sus hijos e hijas y las marchas, entre muchas actividades, son el espacio que las madres recrean para que se siga visibilizando la desaparición y traer siempre en la memoria a quienes llevaron en sus entrañas.