Un día antes del accidente de aquel 6 de enero del 2016, Lorenzo Cárdenas cantaba y se divertía. Un mes antes a sus compañeros del Grupo Reforma y El Norte los había deleitado con unas canciones en el karaoke durante la posada de corresponsales que se realizó en Monterrey, Nuevo León.
El 5 de enero estábamos en las instalaciones del Congreso de Estado tratando de encontrar notas en el periodo vacacional de las autoridades. Hacía frío, creo que estábamos como a cuatro grados, pero eso no impidió que Lorenzo mostrara su ánimo. No me era extraño verlo así, pero ese día estaba por demás bromista.
Habíamos salido juntos a trabajar ese día como lo hacíamos con frecuencia después de que ambos enfrentamos campañas de desprestigio por dar a conocer de manera simultánea la deuda ilegal contratada en el gobierno de Humberto Moreira.
Un año antes de su accidente, en 2015, el entonces gobernador Rubén Moreira Valdez nos llamó “defensores de narcos” por cubrir la desaparición y homicidio de un adolescente de origen norteamericano que era sobrino de Daniel Menera, ex jefe de zona del grupo delictivo de los Zetas, e hijo de Lorenzo Menera, hoy director del Sistema de Agua y Saneamiento de Piedras Negras.
El señalamiento de Rubén Moreira ocurrió al terminar un evento público en el Museo del Desierto y al final de la rueda de prensa, donde detrás del ex mandatario estaban integrantes de los llamados Gates (policías ataviados con pasamontañas y armas largas del denominado Grupo de Armas y Tácticas Especiales).
A pesar de la grave acusación que hizo a los corresponsales nacionales, el resto de reporteras y reporteros se burlaron.
Lorenzo y yo optamos por dar unos pasos y él, evidenciando su molestia, dijo: “cree que con solo decirlo, él tiene la verdad”. Sentí que fue su forma de tranquilizarme.
El señalamiento del ex mandatario no sería todo. Minutos después su secretario de Gobierno, el hoy finado Víctor Zamora, también la emprendió contra Lorenzo al decirle “mal educado” por insistir en que diera más detalles sobre los supuestos pagos que la delincuencia organizada hacía a varios trabajadores de medios de comunicación, lo que se difundió como narconómina y en la que aseguraba estábamos ambos.
Zamora huyó a toda prisa de las preguntas del periodista entre las sillas vacías que quedaron del evento y la complicidad de dos reporteras de medios locales que le abrían paso.
Pensamos nuevamente que ahí quedaría todo, pero cuando salimos del Museo del Desierto recibí una llamada de Moreira Valdez en la que reiteraba el señalamiento y, hoy lo hago público, puse el altavoz para que Lorenzo escucha ra y grabara. Lo que decía el hoy diputado federal aumentó la molestia del periodista.
En esta grabación que aún conservo, y en la que Moreira Valdez jamás se disculpó, afirmó que Lorenzo no atendió su “recomendación” para no seguir abordando el tema.
“Yo ya le había dicho a Lorenzo: ‘por eso cabrón, le das la primera plana del Reforma. Te puedo mostrar quién es ese chavo y no es hijo de papá; ese chavo es así, así y así y te lo puedo demostrar’. Hay una campaña de desprestigio contra la policía y entonces los Gates me han dicho: ‘nosotros nos podemos dedicar a otra cosa y mejor nos vamos’ pero ellos están certificados y pueden demostrar que no estuvieron ahí”, fueron las primeras palabras de la llamada que duró más de 12 minutos.
Al terminar Lorenzo y yo pensamos que la situación subía de tono y me volvió a decir lo que le molestaba que el ex mandatario le llamara para “darle línea”. Dijo que por educación respondía, pero al comentarle a sus jefes, eran ellos quienes le pedían cumplir con su trabajo y solo escuchar al entonces mandatario.
Lorenzo contaba con el reconocimiento de diversos personajes en todos los ámbitos, quienes aplaudían su compromiso por abordar la corrupción y opacidad y la capacidad de investigar diversos temas. En lo personal era un hombre congruente: sencillo en su forma de vivir y muy apegado a su formación religiosa.

Luego de la llamada ambos reportamos a nuestros jefes lo ocurrido. Horas después me confiaría que en su caso quisieron minimizar los hechos, pese a que en la llamada Moreira Valdez también aseguró haber hablado con directivos de Reforma.
La empresa no le otorgó ningún tipo de protección a pesar de que, antes y después de los señalamientos, sujetos ingresaron al domicilio de Lorenzo de donde se robaron una cámara y su computadora, pese a que en el lugar había diversos artículos de valor que su esposa vendía.
Pasaron los meses y Lorenzo empezó a investigar las empresas fantasmas en la administración de Moreira Valdez. Al no encontrar un documento, me pidió ayuda y nos dimos cuenta que ambos estábamos tras el mismo tema, pero él ya iba muy adelantado y, con la estructura del Grupo Reforma, había rastreado diversos lugares en Coahuila y Nuevo León.
Desconozco si para enero del 2016 su investigación estaba por terminar, pero todavía el día 5 intercambiamos información y fuimos a sacar unas copias de diversas facturas de una de las empresas fantasma que a él le hacían falta.
LAS ÚLTIMAS HORAS
Estaban por dar las 11 de la mañana, un día antes del accidente, Lorenzo empezó a molestarme para interrumpir una nota que escribía.
“¡Mira Came, canto como Raphael!” y siguió con la letra de “Mi gran noche”. No le hice caso y continuó: “¡Ah, entonces ahí te va una de Bronco!”, mientras me tocaba varias veces la espalda para que volteara a ver cómo movía los hombros, tal como lo hacía el cantante Guadalupe Esparza.
Provocó mi risa y le dije bromeando que fuera “a ver si ya puso la marrana”. El siguió cantando después de decir que iría a tomar fotos del pago del predial o de los derechos vehiculares y pasaría por mi de nuevo para llevarme a mi domicilio, a dos cuadras de su casa.
A los pocos minutos regresó con unas galletas y siguió cantando hasta que recibió una llamada en la que le avisaron que un integrante de su congregación religiosa, Testigos de Jehová, había fallecido y Lorenzo, como pastor, debía dar el sermón en la ceremonia que se realizaría en Parras de la Fuente. Esta actividad se realizaría por la mañana y me pidió apoyo para cubrir al día siguiente el informe del Tribunal Superior de Justicia.
La mañana del día 6, cerca de las 8 horas, me llamó diciendo que estaba cargando gasolina en la negociación ubicada sobre el Periférico Luis Echeverría, en la Colonia Saltillo 2000, para dirigirse rumbo a Parras de la Fuente y me pidió mandarle una fotografía del evento. Fueron las últimas palabras que le escuché.
Él no llegó al funeral de su amigo. Luego se supo que su vehículo fue impactado de frente por un tráiler en la carretera libre a General Cepeda, unos kilómetros antes de su destino.
Lorenzo y su esposa Hilda murieron de forma instantánea; su hijo Carlos fue sacado de la unidad, pero murió en el trayecto al hospital hacia Saltillo, y su hija Hildita también perdió la vida en el quirófano. Lorenzo siempre dijo que su familia era lo más importante.
Rubén Moreira presidía el Consejo de Seguridad en Palacio de Gobierno cuando anunció la muerte de Lorenzo y su familia y pidió un minuto de silencio, casi de inmediato de ocurrido el accidente.
Aunque la actividad se desarrollaba sin prensa presente, la noticia empezó a filtrarse y provocando reacciones de diversas personalidades en todos los ámbitos.
En septiembre de ese año se publicó la investigación sobre las empresas fantasmas.
El nombre de Lorenzo no apareció como hasta la fecha no aparecen sanciones hacia exfuncionarios que se beneficiaron con recursos públicos a través de dichas empresas fachada.
Ignoro si en la computadora que fue recuperada días después, pese a que el ministerio público aseguró que no la localizaron en la unidad siniestrada, estaba parte de la investigación.