Entre los mineros existe un código: “a un compañero no se le deja en una mina”, y para esto existen mineros especializados en el rescate de sus compañeros en siniestros. Se estima en cinco años la salida del carbón y creemos importante recuperar la historia de Mauricio Múñiz, rescatista en los últimos treinta años, para reconocer la inmensa labor que hacen y mantenerla en la memoria colectiva de los pueblos y comunidades mineras.
Un oficio es el trabajo que se realiza de manera manual y física, los hay en todos lados y en cada comunidad. Existen los boleros, los talabarteros, los artesanos, los plomeros, los electricistas y una larga lista de especialidades, la región carbonífera no es la excepción.
Así como hay personal de protección civil capacitado para combatir incendios o servidores del ejército que realizan labores de rescate en terremotos, en Coahuila existen los mineros rescatistas que, además de recuperar los cuerpos de sus compañeros en siniestros, dan tranquilidad a las familias.
Debido a la gran intensidad con la que se extrae carbón y la constante y sistemática peligrosidad en las minas, existen mineros especializados en el rescate de sus compañeros cuando una mina es siniestrada.
Altos Hornos de México fue la empresa que se encargó de capacitar a sus mineros como rescatistas. tras su cierre, no hay una empresa que los capacite ni que proporcione equipos de seguridad cuando ocurre una tragedia.
Mauricio Múñiz, conocido en la mina como “la Rampa”, perteneció a esa cuadrilla de rescate. Y a la fecha, acude a las minas cuando su labor se necesita. Aunque, en palabras de él, “las minas de AHMSA son muy diferentes a los pozos, minas de arrastre o cuevas de carbón, pues ahí los rescates se complican más”.
Mauricio es originario de Monclova y desde 1984 llegó a la Región Carbonífera para trabajar en las minas de carbón; fue carbonero, palero y hasta encargado de labores. En aquellos años, cuando trabajaba en la mina San Patricio le tocó presenciar la muerte de don Jonas, un minero conocido en el pueblo, ahí supo que sería rescatista, pues sin estar preparado y junto con otro compañero realizó el rescate.

Después, al pasar los años, realizó otro rescate en la mina Guadalupe IV, esta vez con más metodología. Pero la experiencia que más le marcó, fue la de la Mina cuatro y medio, así lo recuerda.
“Fue un 25 de enero de 1988. Explotó la mina Cuatro y Medio en Esperanzas. Entramos con un miedo natural, porque no significa que no tengamos miedo. Ahí se murieron 37 compañeros. Solo se rescataron con vida dos mulas”. Mauricio tenía tan solo 22 años y cuando entró a aquella mina aún estaba llena de fuego.
El 25 de enero de 2002 en Minas La Florida se inundó el pozo de carbón La Espuelita. Ahí Mauricio también participó. Todos los cuerpos fueron rescatados. El 3 de mayo de 2011 explotó el pozo de carbón BINSA en Sabinas. “Ahí me tocó rescatar a mi vecino Hugo Silva”.
Al bajar a BINSA y ver en las condiciones que se encontraba aquel pozo se preguntó cuál era el motivo de estar ahí y comprendió su labor como rescatista.
El 3 de agosto del 2012 se desprendió una galería de la Mina VII, entre Progreso y Barroterán. Perdieron la vida siete mineros. “El jueves por la noche saludé a mi compañero Marco Morales Silva, recuerdo bien su saludo. Al día siguiente me hablan que había tronado la Mina VII y entre los nombres estaba él. La camioneta del sindicato llegó a las casas de los compañeros para avisar a sus familias de lo que había ocurrido”.
El último rescate de Mauricio fue en el año 2021, en MICARAN, Rancherías, en donde recuperó el recuperó el cuerpo de otro vecino, Carlos Moreno Cervantes.
Sin embargo, no están exentos del peligro, pues precisamente en las labores de ese rescate al meter una manguera de desagüe, él y otro compañero estuvieron a centímetros de un desprendimiento instantáneo de la galería. “Dios no nos quiere todavía, nos dijimos entre nosotros”.
Organización de las cuadrillas de rescate
Quienes llegaban primero a los siniestros eran las cuadrillas de Minerales del Norte S.A. de C.V. (MIMOSA / AHMSA). Ellos hacían una revisión, medían el gas y realizaban un diagnóstico sobre la situación. Después, daban la entrada a los demás mineros capacitados y en conjunto ejecutaban las labores de rescate, siempre coordinados.
“Ellos daban la garantía de que yo fuera adelante, acatando siempre las órdenes que te dan, porque se sabe que también nos podemos quedar allí. Cómo dicen los bomberos; aquí se requiere honor, valor y sacrificio. Mi familia siempre me ha apoyado en todas las decisiones, porque es una labor noble pero muy riesgosa”.
Los mineros rescatistas son voluntarios y su capacitación se debía a Altos Hornos de México. Ahora, Protección Civil ha tomado su batuta, pero no ha capacitado a mineros y, según explica Mauricio, hacer labores de rescate en una mina bien estructurada es muy diferente a realizarlo en minas de arrastre o pozos de carbón, en dónde solo se puede bajar de una persona a una profundidad de más de 70 metros.

“Agradezco a quienes bajan a los rescates conmigo, porque de alguna forma confían en mí. Eso a nuestras familias les llena de orgullo. Incluso, me han venido a agradecer a mi casa por haber recuperado el cuerpo de un hijo y recibir la bendición de una madre que ha recuperado el cuerpo de su hijo es una sensación muy bonita”.
Existen códigos para los rescatistas, uno es secreto, los otros: no permitir ser rescatistas a mineros con enfermedades crónicas, tener fuerza moral para rescatar a los compañeros, saber los servicios generales que se pueden realizar en una mina. Él último: nunca se deja abajo a un compañero, siempre se le rescata.
Cuando hay un siniestro, ya sea falsa alarma o comprobado, se llama a Mauricio por su experiencia. Es por eso que quiere ser recordado como una persona que ha dejado su vida en la minería. “No se necesita tener capa para ser un héroe y si me quedo en una mina, pido que me rescaten como yo lo hubiera hecho”.
Aunque se diga que los rescates lo hacen empresas públicas o privadas, especialistas, expertos internacionales o ingenieros, quienes en realidad siguen bajando y realizando este oficio son los mineros de la región. El recuperar el cuerpo de un compañero es una labor humana más que técnica. Es necesario que el oficio de rescatista minero sea reconocido, un oficio tradicional que ya se está perdiendo por diversos factores: falta de capacitación, iniciativa del sector privado y público y la ya próxima descarbonización.