Buscándolos nos encontramos: 9 años de la Búsqueda Nacional en Vida

Poco se habla de todas las diferentes formas de buscar a una persona desaparecida e investigar el fenómeno de la desaparición.

El 13 de agosto de 2008, Irma Claribel Lamas Lopez salió de su casa presuntamente hacia Saltillo, Coahuila, bajo engaños, y desde entonces su familia dejó de saber de ella. 

Sus padres, Jesús Lamas y Lucy López, le han dedicado los últimos 18 años de sus vidas, tiempo y recursos a buscarla y durante este camino, en 2017, su madre junto con Penny Ramirez y Lucy Muñoz, fundaron la Búsqueda Nacional en Vida por Nuestros Desaparecidos. 

Poco se habla de todas las diferentes formas de buscar a una persona desaparecida e investigar el fenómeno de la desaparición. Comúnmente cuando se habla de búsquedas se piensa en la búsqueda mortuoria; recuperación de restos, cribas y fosas clandestinas. 

Pero la exigencia es la localización con vida y hay familias que no sueltan la esperanza de que su ser querido está con vida. Una búsqueda en vida tiene implicaciones diferentes a las búsquedas mortuorias, como la forma en que se documenta, cómo se recaban los datos y la información, así como la colaboración con las autoridades. 

Lucy López Castruita es una de las fundadoras de la Búsqueda Nacional en Vida. Foto: Leo Robles

Una búsqueda en vida se entra a Centros de Reinserción Social (CERESO), centros de rehabilitación, albergues y puntos de personas en situación de calle y de personas migrantes para buscar entre cada cara y cada seña un rostro familiar o indicios que ayuden a dar con el paradero de personas desaparecidas. 

La Búsqueda Nacional en Vida ha reunido a familias, colectivos y solidarios de todo el país durante casi una década y con el paso de los años ha creado una comunidad desde el amor y la esperanza. 

Buscandolos nos encontramos, y aunque hubiéramos querido conocernos en circunstancias diferentes, abrazamos la familia que se ha formado entre quienes caminamos el mismo camino.

Hace un año, en septiembre de 2025, la Búsqueda Nacional en Vida llegó a Coahuila y en septiembre pasado se retomó el camino. Del 20 de septiembre al 2 de octubre, familias, colectivos y solidarios de 15 estados del país se reunieron en Monclova y Piedras Negras para dar arranque a la jornada en las regiones Centro y Norte del estado. 

Misa de apertura en la Parroquia Verbo Encarnado en Frontera, Coahuila. Foto: Leo Robles

Centros penitenciarios y de rehabilitación: ¿Cómo se vive una búsqueda dentro de estos centros?

Ingresar a penales no es sencillo. Las visitas se suelen ofrecer en ciertos días de la semana y para un grupo reducido de personas. Hay reglas de vestimenta como no cinturones, no joyería y ropa solamente de ciertos colores. Al entrar se pasa por diferentes filtros de seguridad en cada sección del penal, a veces a las familias no se les permite contacto directo con los internos por lo que se muestran solamente fotografías de los internos. 

Cuando se logra tener un contacto cara a cara con los internos, las familias son llevadas a la explanada, donde los reos están formados y pasan en fila para observar las fotografías y lonas llevadas por las familias. Es en este momento donde las familias fijan la mirada en cada rostro que pasa, buscando algún gesto o seña que pueda indicar que reconocen a alguien. 

En el CERESO varonil de Monclova, las familias vieron los procesos de búsqueda obstaculizados por procesos burocráticos y tratos indignos por parte de las autoridades a cargo del plantel. 

A pesar de eso y la poca empatía de las autoridades, se lograron documentar posibles positivos y nuevos casos dentro del plantel. Un posible positivo se refiere a una pista o indicio que puedan ayudar a la localización de una persona desaparecida, es decir, una nueva línea de investigación. Mientras que un nuevo caso es una persona que se encuentra incomunicada de su familia.

Durante la estancia en Piedras Negras se visitaron los CERESO varonil y femenil. Entrar a los centros penitenciarios puede ser un proceso desgastante físico y emocionalmente, en especial al presenciar claras violaciones a derechos humanos o tratos indignos hacia las y los internos. 

Las autoridades, al tratar con frialdad y sin empatía a las familias y sus necesidades, abonan al estrés y frustración que se pueden llegar a sentir durante la búsqueda. Las familias sostienen por horas lonas y fotografías, muchas veces de pie, mientras los internos pasan a ver cada cara. 

En Piedras Negras, las familias se enfrentaron al hecho de que la mayoría de los internos en el CERESO varonil pasaban rápido, sin siquiera voltear a ver las fotografías. 

En ambos penales las familias se enfrentaron a tratos despreciables por parte de las autoridades no solo hacia ellos sino también hacia los internos, obstruyendo los procesos de documentación. Pero fue gracias a los esfuerzos y resiliencia de las familias que, a pesar de los impedimentos, se logró documentar y recabar la información necesaria para seguir buscando. 

En los centros de rehabilitación o anexos, las reglas suelen ser menos estrictas. No hay reglas de vestimenta y generalmente solo se pone un límite de cuántas personas pueden entrar cuando el tamaño del lugar es reducido. En los anexos, los internos suelen tener más apertura, a diferencia de los penales. 

Los padrinos, personas que ya tienen tiempo en recuperación y apoyan, guían y acompañan a los internos, alientan a que si alguien sabe algo, alze la voz. Los internos ven las fotografías con detenimiento y muestran empatía hacia las familias con palabras de aliento. 

Visibilizaciones públicas y actos de memoria

Durante la Búsqueda Nacional en Vida, las familias no sólo buscan en los centros penitenciarios o anexos, sino también en las calles. En las estancias en Monclova y Piedras Negras se llevaron a cabo actos de visibilización en ambas ciudades, al igual que en Frontera, San Buenaventura, Allende, y Acuña. 

Las marchas, la pega de fichas y la apropiación de un Árbol de la Esperanza sirven no solo para visibilizar la creciente crisis de desapariciones en el país y los rostros de quienes estamos buscando, sino para que gente que requiera apoyo de un colectivo pueda acercarse. 

En Monclova, las familias se apropiaron de un árbol frente a la Parroquia de Santiago Apóstol, acto que fue acompañado por el obispo emérito Raúl Vera. 

La instauración del Árbol de la Esperanza sirve como la llama viva ante el olvido, además representa la resiliencia de las familias y el amor que les mueve a recorrer el país en busca de los suyos, así como el camino por la búsqueda de la verdad y la justicia y la promesa de no repetición. 

Instalación del Árbol de la Esperanza en Monclova, Coahuila. Foto: Leo Robles

Más símbolos de la memoria y lucha 

En el caso de Piedras Negras, las jornadas de búsqueda iniciaron con la apropiación de otro árbol en la plaza de Paseo del Río. 

El acto visibilizó los rostros de cientos de personas desaparecidas en el paso fronterizo, un punto sumamente importante para quienes su familiar desaparecio en contexto migratorio. 

El Árbol de la Esperanza funge como símbolo del amor que le tenemos a los más de 135 mil desaparecidos en México. En Coahuila existen ya seis memoriales similares: uno en Torreón, uno en Saltillo, uno Arteaga, uno Allende y ahora uno Monclova y uno en Piedras Negras. 

Las marchas de la Búsqueda Nacional en Vida fueron acompañadas por el Ajolote Buscador. El Ajolote Buscador fue creado en el marco del Mundial 2026 en la Ciudad de México por familias buscadoras y solidarios, con el fin de visibilizar la crisis de desaparición en el país y denunciar las omisiones y la negligencia del Estado. 

Desde entonces se ha vuelto un símbolo de lucha para muchas personas y ha sido adoptado en otros estados de la república. 

Otros actos de visibilización que se llevaron a cabo fueron las pegas de fichas. Alrededor de las plazas principales de Frontera, Monclova, San Buenaventura, Piedras Negras, Allende y en el centro de Acuña, se pegaron fichas de personas desaparecidas de todo el país. Además, en Acuña se realizó una búsqueda callejera basado en un posible positivo documentado en Monclova. 

La búsqueda callejera consiste en recorrer espacios públicos y puntos frecuentados por personas en situación de calle para visibilizar los rostros de personas desaparecidas y rastrear pistas de personas que posiblemente se puedan encontrar en el área.

Pega de fichas de búsqueda en San Buenaventura, Coahuila. Foto: Leo Robles 

La comunidad alrededor de la búsqueda

Tener un familiar desaparecido implica dejar familia, trabajo o escuela atrás mientras se sale a buscar. Muchas veces implica salir de tu hogar en búsqueda de ese ser querido, como lo fue el caso para todas las familias que viajaron hasta Coahuila de diferentes estados de México para asistir a la Búsqueda Nacional en Vida. 

Es por esto que las familias se arropan entre sí durante los días que están en la búsqueda. Se comparte la comida, las charlas y se llevan a cabo actividades o talleres como lo fue el bordado por parte de Corazones Robados, acción de memoria y solidaridad en el que se borda el nombre de la persona desaparecida en un corazón. 

Igualmente, las familias sienten la calidez de la comunidad que se solidariza mediante donativos y comidas y hospedaje por parte de las parroquias locales. Cada jornada de la Búsqueda Nacional en Vida se logra gracias a la solidaridad y el acompañamiento de las comunidades alrededor. 

Apropiación del Árbol de la Esperanza en Piedras Negras, Coahuila. Foto: Leo Robles

A pesar de los obstáculos presentados durante la búsqueda, se finalizó la jornada en las regiones centro y norte de Coahuila con 30 posibles positivos y 1 positivo confirmado, el cual fue la localización de un joven en el penal de Piedras Negras. 

En 9 años, a través de la Búsqueda Nacional en Vida se han localizado a 11 personas con vida. Once personas que fungen como la llama viva de la esperanza, un símbolo de amor. 

La Búsqueda Nacional en Vida nació por amor a Irma Claribel, por amor a los más de 135 mil desaparecidos de México, por amor a las familias que buscan a pesar de las omisiones del Estado. 

Casi una década después, la Búsqueda Nacional en Vida existe y resiste gracias al apoyo de todas las familias y solidarios que la sostienen con amor. Buscándolos nos encontramos, encontramos comunidad y familia, un amor que nació del dolor y que se convirtió en fuerza y resiliencia.